12/11/2007

Hazmelo suave, es mi primera vez

Se paso todo el día mirando al sol, dese que nació hasta que murió, ella creía que este siempre era una reencarnación candente, y que el veterano astro, tan milenario, dejaba la noche para la joven luna, vieja pero no arcaica. A primera hora puso la alarma para las 12 de la noche, llevaba planeándolo desde los 17 años, soñando en príncipes y una única princesa. Todas sus amigas la perdieron ya, una, la más fea, se desfloro a los 15, era un chico de 30 años, mayor, casado, amigo del padre de ella. Tenía un bar, y la contrato en la barra, y ya se sabe, a veces la diferencia de puta a camarera solo hay un billete de 500 euros de diferencia. Joven, e inexperta, se lo gasto de la misma forma que lo gano, haciendo que le sirvieran en otro pub. Aunque no fue una mala iniciación, ella no quería que fuese así. Más sugerente fue la historia de su segunda mejor amiga, que se colonizo en una discoteca, con un académico corpulento, después de unas copas, y unas baladas de moda, que en ese momento hubieran creído “esta es nuestra canción”, pero no pasaron de un simple verano más. El amor, con sus extrañas formas, los acogió en un lavabo, almibarado por los efectos secundarios que produce el alcohol en ambos aparatos reproductores. Afortunadamente el tiempo, produce discordia o adulación, allí donde nos interesa, y al finar una historia que era eso, historia, se convirtió en la historia. Pero esos sucedáneos no le interesaban, recordó la divertida historia de su mejor amiga, la cual quedo con un chico menor que ella, apenas había planificación, un simple “vengo a verte una hora”, el chico iba dándose pollazos por el autobús, pensando en que posiblemente su plan funcionaria, y así fue, ambos tenían ganas de acallar los gritos de sus cuerpos, y a los 15 segundos de abrir ella la puerta, ya estaban explorándose mutuamente, quizás buscando lo que sus a cuerpos les falto al nacer. La gracia era, que se dejaron la puerta abierta, y todo el edificio lo vio. Lo que ellos no supieron nunca, es que al igual que la risa o el llanto, el sexo también se contagia, y aunque las demás puertas estaban cerradas, estas cubrían el mismo acto. Por supuesto, sus padres le dieron un castigo, aunque leve, pues no hizo nada que ellos no hicieran antes. Ella había recapacitado sobre las 3 situaciones anteriores, y quería a alguien que no sacara provecho de ella, un escenario idílico y lucido, y algo privado, que no supiera ni compartiera nadie más. Ese día era el anterior su cumpleaños, y quería que fuese su regalo, justo después de la media noche. Había comprado velas de colores, las distribuyo por toda la habitación. Tenía incienso de vainilla, caramelos para hacer más dulce su paladar. Las sabanas de su abuela, ya fallecida, aunque quería que su recuerdo fuese con ella. Llevaba todo el día oyendo canciones románticas, y estaba sensible y serena. Se iba acercando la hora, se quito los anillos de metales semipreciosos combinados con otros de plástico con florecitas, los puso ordenados en su mesita de noche. Se toco las piernas lo más sensual que pudo y pensó que aun podían estar más suaves, y saco su maquinilla y espuma, y en un alarde de valentía juvenil, se depilo las rodillas, las ingles, y un simpático flequillo que empezó a crecer a los 12 años, y no hace falta situar. Puso una selección de música en su ordenador, que había seleccionado meticulosamente, de todos los años, sonando como un susurro. Se tomó una barrita de chocolate palpando su barriguita, y pensó que a el no le importaría, es más, su cuerpo era personal, y medianamente transferible, mas bien, compartible. Corrió las cortinas y encendió las velas, pensó que aún le faltaba algo más. Si, un abrazo a su viejo conejo de peluche con el que tantas noches y confidencias compartió.
El estaba allí, lo miro y sonrió, cerró su habitación con cerrojo. Lo llevo despacio y de puntillas a su cama. Ambos tapados por las sabanas, solo unas braguitas de mariposas la cubrían. Se las bajo lentamente, notando el contorno de sus muslos, y pensó en que era la chica más guapa de toda la ciudad. Noto algo durito y suave entrando dentro, separando su viejo himen. Era un dolor caliente y seco, no era como le contaron sus amigas, era algo natural, ligeramente punzante, del cual, se podía encontrar incluso placer. Un poco de sangre se escurrió de su entrepierna, ya lo sabía, fue previsora y puso un par de toallas debajo. Esbozó una sonrisa final, y dio un beso al aire contenta. No había nada que decir, todo resulto perfecto, tal como ella había soñado. Suavemente dejo a su amante en la papelera. Los tampones no tienen sentimientos, o si?

3 Comments:

Blogger mas de mi que de... lirio said...

Benditas sean tus palabras que arrancan de mi sonrisas y lágrimas...
Decirte te quiero nuevamente seria reiterativo para alguien que cuida lo que escribe... así que solo te daré un...
Jajajaja profundo y sentido.

8:20 p. m., diciembre 11, 2007  
Anonymous Anónimo said...

Desde luego pique como una pardilla, eres de lo que no hay.

Besines.

9:08 p. m., diciembre 11, 2007  
Blogger Electrica Cullen Black said...

No esperaba ese final ... Me dejo una sonrisa y un sentimiento de pardilla =)

Esta mejor que bien. Escribes como te da la real gana!!!

Pajaroburlon

12:13 a. m., febrero 17, 2012  

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