7/06/2009

Columpios de pan

Hace tiempo desde el último impulso que tomaron mis viejos columpios, en la casa de campo, camino al bosque, alguien construyó pistas de tenis. Mas allá, oculto por mucha maleza, había unos viejos columpios arrugados y oxidados. Mi abuela me llevaba a veces, ella me quería en gran parte porque era el descendiente de sus genes, y en otra gran medida porque mi futuro era una carta en blanco, tal vez sería un reputado médico o abogado, alguien a quien el director del banco saliera a recibir, alguien a quien los vecinos respetasen. Poco sabía mi abuela, ya muerta, que no dedicaría mucho tiempo a unos estudios superiores, o que el único contacto con el banco es un aparatoso cajero automático. Tal vez no entendería que no quiero descendencia, y mis genes morirán conmigo. Seguramente me tendría manía, y yo hubiese descubierto esos columpios con el tiempo libre que tendría sin sus cuidados. Habría jugado más sin duda. Esos columpios eran viejos y tristes porque pocas veces se usaban. Me pregunto si aún estarán, escondidos por matorrales salvajes, sin un sentido, sin una causa. Tal vez vinieron al mundo sabiendo que yo y unos pocos pasaríamos infancia con ellos, tal vez sea el único ser que los recuerda. Hacia 19 años que no los recordaba, y es que hoy, han perdido ya el impulso que los movía en mi memoria, hoy soy un poco más viejo, y hoy estas un poco mas muerta.

1 Comments:

Anonymous marina said...

Muy bonito:)

5:02 p. m., julio 08, 2009  

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