11/06/2009

La Esencia del Yo

Entender al yo comporta ciertos riesgos e incomodidades, primero se pueden estudiar sus misteriosos origines, no es que sean secretos, es que uno mismo crea puestos aduaneros en su memoria. La edad real del yo es relativa, y encontramos que la mayoría de yoes son tues o “yo y tu”, o “tu y yo”. En realidad siempre es yo, pero si el material de construcción del yo, es un tu, se crea un bucle de conflictos y guerras internas. La vejez del yo, depende casi enteramente de la exploración de este, muchos yoes tienen tanto miedo a aceptarse, que necesitan distracciones para no ser; así, una persona media, supongamos que empieza a pensar con cierta independencia a los 16, en esa edad, se suele estar condenado a destinar 8 horas sociales, ya sea en forma de estudios o laborales. Una semana tiene 168 horas, una vida media en países “desarrollados” es de 80 años siendo positivos. Eso nos da unas 700.000 horas, hagamos un pequeño cálculo. Si la media sin horas extra es de 40 horas semanales, nos quedan 120, si restamos 56 horas de sueño semanal, nos quedan 64, si solemos gastar 2 horas en conseguir, cocinar y comer, restamos 16, nos quedan 48, en viajes para ir a trabajar, solemos gastar un mínimo de 1 hora, nos quedan 43. Más 2 horas de higiene, vestirse, arreglarse, expulsar residuos, nos quedan 29 horas de yo real, suponiendo que aprovechemos ese tiempo. Eso son 4,14 horas de yo diarias (mas tarde incluiré las vacaciones), o sea 1.512 horas de yo anual. Tenemos más o menos 64 años de “independencia” mental (80 – 16), y aproximadamente 1 mes de vacaciones, lo que deja 40 horas semanales libres ese mes, 165 horas más de yo sin viajes. 660 horas de vacaciones al año, x 64 = 42.240 + (1.512 x 64) = 139.008 horas / 24 = 5.792 días / 365 = 15,8 años de yo. Así que suponiendo que vives 80 años, tendrás una edad mental de casi 16 años. Son cifras que asustan, y más si pensamos que mucha gente necesita el trabajo para dejar de ser. La vida no es corta, es cortísima.
Hace poco, miré por una ventana, solo había campos de trigo que se hundían en el horizonte, salí fuera y me puse a caminar entre el fango del terreno, era desnivelado, y hacia mucho frio. Decidí que mi presente caminaba conmigo a pesar de estar agotado y tiritando, si viajaba con mi yo, el miedo no tenía porque asustarme, y seguí caminando a pesar de los tambaleos constantes. Al final llegué a una especie de pueblo hasta un callejón, me paré a absorber el frio, a intentar aceptar la situación y el dolor. Después de rendirme, encontré calma, como un pez que se resiste a ser pescado, el destino está conmigo, no con la resistencia hacia lo desconocido y peligroso.

1 Comments:

Anonymous marina said...

ufffff, me he perdido entre tanto numero, jejeje, pero si, desde luego la vida es breve y no sabemos aprovecharla.

Besotes de tres leonesas.

11:24 p. m., noviembre 06, 2009  

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