10/18/2011

Quiero ver tu mirada, al contemplar el mar



La pintaron mirando al mar. Ella en realidad no existía en el paisaje, salió de la nada, de la imaginación del hombre que la dibujo. Tampoco coincidían esos colores, estaba rodeada de arena azul, y ella, sentada, mirándole tristemente. Al fondo, el mar, y entremedio, su mirada. Más allá de su pelo, un acantilado, no había nada, allí acababa el mundo. En el cielo, una estela de nubes se esparcía por el universo, juntas, brillaban como un sol. Era un cuadro triste, era una noche en la playa, y una chica imaginada, que te miraba el color de tu alma, la suya era azul.
Acabo siendo comprada por un hombre rico, que al no tener alma, necesitaba la de esa chica, para poder hacer ver que tenía una propia. La colgó en el salón, así paso años sin que apenas la mirara nadie, solo algún invitado de refilón, que curioseaba en la casa.
Con los años, la casa se volvía triste, era la tristeza del cuadro, la pintaron para ser contemplada por las mentes más curiosas y azules, y allí solo la acariciaba el polvo, y este, ni siquiera se atrevía a tocarla, la playa se llenaba de polvo, y el azul de su cuerpo, era incapaz de perder su color.
El hijo menor de la casa, creció y empezó a fijarse en ese cuadro, lo limpiaba delicadamente con un trozo de tela, y no podía aplacar la tristeza de la mirada de la chica.
Un día fue a ver a su padre, y le dijo:
Niño: Papa, porque esta triste la chica del cuadro del salón?
Padre: No lo sé hijo.
Niño: que puedo hacer para que vuelva a sonreír?
Padre: No lo sé hijo.
Niño: Quizás solo sea un niño, y no me escucharás, pero la casa entera llora por las noches papa, me estoy volviendo loco, quiero ayudarla.
Padre: No lo sé hijo.
Apareció su madre que estaba oyendo la conversación.
Madre: Si tanto te preocupa, ayúdala hijo.
Hijo: Como mama?
Madre: Los mayores hace años que dejamos de entender esas cosas, yo miro un cuadro y solo veo pintura ordenada, tú la ves a ella, y sientes su tristeza, mi cuerpo es demasiado grande para atravesar los poros de la tela, el tuyo no.
El niño se fue a su cuarto a pensar.
Semana tras semana, ahorró para comprarse unas acuarelas, y cada noche, dormía un par de horas menos.
Al cabo de un mes lo acabo, había pintado un compañero para la chica. Pensó:
Niño: Por la mañana, la casa dejara de llorar, le traeré alguien como ella, para que estén juntos
Esa noche, el cuadro que acababa de pintar, le hablo en sueños.
Cuadro: Estoy contento de que me hayas pintado, ahora eres mi padre.
Niño: Te he pintado para que cuides de ella.
Cuadro: Ella, aparte de mi, necesita otra cosa.
Niño: El que?
Cuadro: Necesita que le pongas un nombre, si no, solo será el fruto de la imaginación de un hombre.
Por la mañana, el niño fue a colgar el cuadro, miro a la chica y le dijo:
Necesitas estar viva entre tanta tristeza, te vas a llamar Elizabet.
Colgó el otro cuadro, el uno frente al otro. Él sabía que esa mañana, se iban de vacaciones, así podrían estar solos para conocerse. Cruzó el pasillo, y subió al coche que estaba esperándole.
La familia se fue de vacaciones, al volver, los cuadros estaban en su sitio, pero ni la chica ni el chico estaban. Los padres no sabían que había pasado, pero el niño sabia que estaban en el cuadro de ella, amándose en el fondo del mar, donde nadie les vería.


2 Comments:

Blogger ainhoa said...

Seguramente se habrán huído a un lugar donde puedan estar solos, donde la incomprensión de los mediocres no impere. Puede que se hayan instalado en alguna de nuestras casas, en algún rincón...Me ha gustado mucho.

2:19 p. m., diciembre 08, 2011  
Anonymous Anónimo said...

Precioso, me ha encantado leerlo.

4:00 p. m., septiembre 13, 2012  

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